24 febrero 2009

La Crisis Mundial y el Lado Oscuro de la Plata Dulce. Parte 2

Es demasiado largo ponerse a detallar la combinación de desregulación, globalización y creación de productos financieros que disfrazaban el riesgo que se combinaron para inflar la burbuja inmobiliaria, pero no es difícil ver las consecuencias de esta “tormenta perfecta” en los mercados inmobiliario y financiero: el resultado fue que había “plata dulce” en carradas (deuda emitida por EEUU y comprada por los inversionistas del todo el mundo) que se prestaba a intereses muy bajos (cortesía de Greenspan) y que se volcó desproporcionadamente a la propiedad por la psicología de la burbuja que a su vez suscitó una mayor disparada de los precios (típico bolazo de cualquier burbuja).

La psicología de la burbuja y el aumento de los precios de las propiedades también acarrearon otras consecuencias:

1. Una burbuja en el consumo (financiado con extracciones de “
equity” de las propiedades) que China agradecía comprando más y más deuda que financiaba el consumo en EEUU.
2. Una burbuja en la construcción (sobreoferta de propiedades nuevas) que a su vez suscitó una burbuja en los precios de los terrernos sin construir.
3. Una burbuja bursátil y de commodities (inversiones apalancadas con la expectativa de aumentos)
4. Una burbuja de
CDO’s (collateral debt obligations) en las que los bancos de inversión trozaban, empaquetaban y vendían por todo el mundo préstamos garantizados por las propiedades.
5. Una burbuja de seguros (los “credit default swaps” que aseguraban los CDO’s y que terminaron cargándose con AIG).

Para los memoriosos, todo esto empezó a oler mal en julio de 2007, cuando el
Banco Societé Génerale de Francia puso en el mercado una cantidad de esas “inversiones” y no pudo encontrar compradores. Como era tanto lo que tenían “invertido” en esos papeles, se generó una minicorrida por temor a que el banco quebrara. Lo que había pasado es que la cosa se estaba poniendo fulera del otro lado de la ecuación: las ventas inmobiliarias estaban bajando, la gente que había comprado casas estaba empezando a fallar los pagos, y había indicadores de que los precios habían dejado de aumentar. Eso quería decir que se derrumbaba el castillo de naipes edificado sobre la premisa ficticia de que los precios de la propiedad iban a aumentar para siempre y que por lo tanto los tomadores de préstamos nunca iban a fallar en los pagos porque en el peor de los casos podían vender la casa, pagar su deuda y salir hechos.

Pero ¿Qué pasaba si el propietario no podía afrontar los pagos y no podía vender la casa al precio que la había comprado? Muy sencillo, todos empiezan a perder plata y con lo complicados que son esos papeles no es solo cuestión de embargar la casa y venderla, sino que nadie sabe en verdad quién es el dueño de la propiedad.
Armageddon.