Mientras atravesamos la crisis financiera actual y vemos como todo instrumento y activo financiero esta bajo presión -a excepción del bono del tesoro norteamericano-, no podemos dejar de pensar en todas las crisis que vivió la sociedad moderna hasta el momento.¿Cómo puede ser posible que un mundo cada vez mas sofisticado no haya aprendido nada desde la primera crisis moderna, la crisis de los tulipanes holandeses en 1630?
Mirando en retrospectiva cada una de aquellas crisis, hoy éstas parecen muy predecibles. Aquellas crisis, al igual que esta última, estuvieron precedidas por años de excesos especulativos, por innovaciones financieras que se salieron de control –o que no se quisieron controlar- y por subas espectaculares de activos que hoy parecen increíblemente irreales.
Algún día seguramente veremos en los libros de historia lo inevitable que era esta crisis debido a la alta especulación financiera que provocó la suba en el precio de los activos inmobiliarios, y parecerá tan absurdamente obvia a generaciones futuras como a nosotros nos parece la crisis de South Sea.
Pero a pesar de la historia y a pesar que desde hace por lo menos 3 años ya algunos analistas preveían que los precios de los inmuebles estaban inflados volvemos a caer en otra crisis financiera derivada de una burbuja ¿Por qué la mayoría de las personas, analistas y autoridades no les prestaron atención?, ¿Acaso no hemos aprendido nada de la historia?.
La ciencia, según varios científicos, es una disciplina que crece acumulativamente. El conocimiento previo no se hace a un lado, se utiliza como cimiento para continuar aprendiendo. Sin embargo parecería que en las finanzas esto no es tan así.
En el manejo del dinero, varios estudios de la economía conductista, también comprobaron que no solo es la parte analítica del cerebro la que se encarga del dinero, sino que también hay una parte instintiva y emocional que influye de manera notoria en la toma de las decisiones. El proceso financiero es cíclico, por lo tanto algunas personas aprenden de sus experiencias pasada –y/o ancestrales-, mientras que otras siguen cometiendo los mismos errores. Lo mas notable de esto es que, no solo les ocurre a los pequeños inversionistas, sino que también les ocurre a los grandes banqueros de inversión –quizás sesgados por sus altos bonos de fin de año-.
Con respecto al riesgo, otros estudios dicen que cuando los tiempos son buenos, la percepción del riesgo se reduce. Por lo tanto cuando se estaba en medio de la burbuja inmobiliaria, era difícil no creer que el precio de estos activos iban a subir constantemente, aun cuando la parte analítica del cerebro decía que esto no podía suceder infinitamente. La euforia se apodera de los inversores imaginando que esto nunca va a concluir. En Argentina vivimos algo parecido en Marzo del 2008 con el precio de la Soja, en donde se pensaba que el precio seguiría en U$D 600 la tonelada infinitamente.
De igual manera, cuando los tiempos son malos, el miedo y la aversión al riesgo se apoderan de los inversores que no ven ni siquiera un minúsculo signo de reversión y esperanza. Esto hace tomar decisiones de protección mas allá de lo convencional, ocasionando una corrida hacia la baja que no termina beneficiando a nadie.
La historia, como vimos, la mayoría de las veces no ayuda a mejorar las decisiones de inversión. Los impulsos humanos, sumados a la codicia y el miedo, hacen que los inversores sigan a la multitud pensando que esta vez será diferente, que un nuevo orden económico se esta por formar y que esto durará para siempre, en lugar de comprender que nunca lo es y que siempre indefectiblemente, comentemos los mismos errores.