Dicen que la historia no se repite, pero rima, y para los que tenemos más de 35 años, la llamada “década perdida” que ha vivido Japón (y que ya lleva más de una década) tiene algunas similitudes inquietantes con lo que hoy se está viviendo en EEUU.Allá por los años 80 nos bombardeaban con noticias, libros y ensayos sobre el éxito deslumbrante de la economía japonesa. Eran imparables, serios, trabajadores, ahorrativos, previsores y sintonizaban asombrosamente bien con la dinámica de un capitalismo al que habían dado su propia impronta: los empleados japoneses tenían el trabajo garantizado de por vida y a cambio de eso se desvivían por la empresa y ahorraban como locos. En muy poco tiempo pasaron de hacer baratijas a hacer autos y equipos de sonido mejores y más baratos que la competencia occidental. Surgieron y se afianzaron en todo el mundo empresas como Honda y Toyota. Los japoneses iban a EEUU y compraban todo lo que estaba en venta, desde propiedades hasta estudios de cine en Hollywood. Japón pasó a ser (y sigue siendo) la segunda economía del mundo.
Bueno, lo del milagro japonés era verdad, pero hasta cierto punto. En algún momento la combinación de intereses bajos, especulación y precios de la propiedad en ascenso se convirtió en burbuja. En 1989-90 todo estalló, sencillamente porque era insostenible. Lo que sigue es historia conocida: la bolsa bajó 60% entre fines de 1989 y agosto de 1992, mientras que los precios inmobiliarios siguieron bajando durante 15 años consecutivos. La deflación llegó para quedarse.
A los fines de la moraleja, lo que importa no es que la economía japonesa haya caído ante la seducción irresistible de una burbuja (eso no es nuevo ni único), sino qué medidas tomó para capear la crisis y si esas medidas los llevaron o no a buen puerto. Hay que tener en cuenta el antecedente japonés porque las medidas que tomaron son muy parecidas a las que tomó años después EEUU para paliar el estallido de su propia burbuja crediticia. Es decir, la pasada década de Japón puede preanuniciar la década que viene en EEUU.
Los bancos japoneses enfrentaban pérdidas abrumadoras por la caída de las inversiones y los préstamos incobrables. La respuesta del gobierno fue bajar los intereses y dejar que los bancos siguieran funcionando como “zombis”, sin obligarlos a declarar sus pérdidas. La idea era, igual que ahora en EEUU, que en algún momento los precios iban a volver a los niveles anteriores, lo cual nunca ocurrió porque estaban inflados por la especulación. Las consecuencias fueron nefastas. Se renegociaron préstamos a hasta 40 años y la gente siguió trabajando solamente para pagar deudas durante años, lo cual produjo una fuerte retracción del consumo. También se tradujo en una caída de demanda del crédito aunque los intereses fuesen casi cero. Entre 1991 y 2003 el producto bruto de Japón creció sólo 1.14% por año, mucho menos que el de otras naciones industrializadas. Mientras tanto, las políticas de estímulo fiscal fueron acumulando deudas y déficits para el gobierno.
Hoy por hoy, los coletazos de la crisis mundial están castigando a Japón más que a ningún otro país grande y enfrenta una crisis fiscal seria cuando recién empezaba a transitar una recuperación anémica, pero recuperación al fin.
El punto central de la discusión tiene que ser entonces si a iguales medidas (baja de la tasa de interés, ocultamiento de pérdidas, estímulo fiscal), una economía como la de EEUU puede sufrir las mismas secuelas que sufrió y sufre Japón. Yo me inclino a creer que sí, pero por supuesto que hay quienes opinan lo contrario.
Saludos a todos.
Casiopea.